Rutas Negras

Tyr01 de la serie Rutas Negras_Líbano. C-Print 150 215cm. 2010

RUTAS NEGRAS, 2010

Un camino es una lógica (un método: camino en griego), caminos en crisis, aislados, incomprensibles, y salvadores también de la autopista total. Caminamos principalmente para sentirnos libres de todos los impedimentos y de todos los inconvenientes; para dejarnos atrás a nosotros mismos, mucho más que para librarnos de otros. Cartografías del jardín, cartografías del desparaíso, antimapas, caminos vagos y fraccionados, (caminos aislados, difusos, desconectados, frente a la hiperconexión total). Nos encontramos con un catálogo de caminos aislados, restos de cartografías fracasadas. En la sociedad-red, en la sociedad-perfectamente cartografiada, en la sociedad definida (caminos hipervinculados, hiperseñalizados), documentación de vías aisladas, calles, caminos, calzadas, carreteras, aisladas. El sujeto atrozmente reflejado en la red continua, y borroso en su discontinuidad, en cierta forma, es uno de estos caminos aislados. Caminos de los que nunca o ya no tenemos claves de comprensión cierta. Caminos que no guían, caminos parciales que acaban en un bosque, o en un páramo o en una ruina y no continúan.

Por otra parte está todo lo que rodea al camino, como en la Laguna Estigia. En la pintura de Patinir, todo parece claro: paraíso de un lado, infierno, del otro. Ambos lugares, sin embargo, son tan parecidos, tan extraños, tan confusos. El camino define dos lados, ambos son iguales en cuanto a extraños. ¿Hasta qué punto son reales los diferentes objetos, que se disponen a su alrededor, hasta qué punto son ilusorios? La mirada de un sujeto difuso de la realidad (ese presente incomprensible por confuso), los restos del paraíso/jardín, después de haberlo abandonado, el código. la cartografía minuciosa, imposible, incapaz de comprender, de la realidad.

Ante mi vista ávida surgen cosas olvidadas ya tiempo atrás, ruinas hundidas y empiezo entonces a sentir, a pensar, a ser de nuevo yo misma. A cada lado de la ruta surgen ciudades ahora olvidadas pero que en su día fueron puntos cardinales de nuestro mapa historiográfico. Cada punto, uniendo cada ciudad enterrada, crea una ilusión de lo que unió distintas culturas. A través de estas rutas nos hicimos uno, y distintos a la vez. La ciudad que no pudimos ver emerge con frecuencia en el interior de la ciudad que vemos. Cada metrópoli, cada punto unido de nuestro vestigio cultural, crea una ruta oscura, camino en la sombra, ruta negra sobre la que caminamos para reconstruir con nuestra mirada un paisaje lleno de significados. La mirada es perpleja. En ese momento, cuando miramos los vestigios de lo destruido, codificamos, como lo hacían los románticos, lo sublime: la convergencia de la destrucción natural y la construcción sublime ocular.

De ahí los límites de la obra finita frente a la infinitud de la extensión del mundo natural donde subsisten las cosas y por otra, la propia densidad del tiempo, su existencia mas allá de la presencia del hombre.

Pillpa

Leptophobia Aripa, de la serie Pillpa_Lima, 2009

PILLPA, 2009

La estructura que viene construida / impuesta por el hombre sirve de recipiente, de contenedor de lo salvaje, que al mismo tiempo se organiza y se adapta a esa “piel” que la sujeta. Las plantas, sin embargo, representan lo humano, el hombre que asume su recipiente y se adapta a él, pero dentro de esa necesidad de ser libre que en el fondo proviene de su origen, de su naturaleza. Aparece entonces la contradicción a la que nos enfrentamos al ser nuestros propios celadores. Esta idea representada ya en “Palmehuset” y Börus”, va más allá en el proyecto “Pillpa” ya que existe más movimiento, más desplazamiento, más vida. Las plantas, seres orgánicos, crecen, se mezclan entre ellas, florecen algunas, desprenden sus olores invisibles. Pero las mariposas se desplazan, deciden ir hacia aquella planta, hacia aquel estanque (artificial) de agua, se posan, vuelan y recorren todos los espacios, se reproducen, se quedan quietas… pero sobre todo sufren la transformación, mutan de una manera brutal que siempre fascina. Tienen en común con las plantas su delicadeza, su finura, su belleza de diseño y colores pero puede ser más poderosa con sólo aletear. Estos animales que necesitan el aire / espacio como entorno, contienen un silencio, una pulsación poderosa, pueden ser sólidos como un árbol. Son para el aire lo que los peces para el agua, se desplazan libremente, obedecen su evolución. Por esta causa resulta más paradójico encerrarlos, contenerlos, crearles una jaula ilusoria que, sin embargo, les cobija, les protege.

Dentro de esta paradoja resulta más conmovedor realizar el proyecto en el país que contiene el número más alto de especies de mariposas. Perú contiene el 30 por ciento de todas las especies de mariposas que existen en el mundo. Hay una cultura que rodea estos animales. Los “criaderos” o “granjas” de mariposas se dedican a su conservación pero también a su venta que, según el ritual deseado, se dirige hacia un tipo u otro dentro del mariposario. Los animales unidos a sus diseños y colores (estética) son objeto de decoración dentro del ritual. Su procreación está supeditada al evento, el número de miembros de esa especie depende del nacimiento o del casamiento de sus compradores. En definitiva, su destino se convierte en objeto de consumo. El mundo opulento se afana por el control absoluto de todo (desde el paradigma tecnológico) y por la ocultación del otro; se siente capaz de reponer sus fracturas y heridas con el simple uso de su potencial científico. Y sitúa este mismo falso juego irresoluble de control ocultación-reparación en el sujeto y su identidad.

Las mariposas y el esfuerzo del hombre por construirles recipientes son una metáfora de su política de control (: son una metáfora del muro entre norte y sur, y son una metáfora del centro de repatriación). Las mariposas y sus casas, fabricadas para aislar su aleteo, son una metáfora de la fragilidad del sujeto hiper-protegido, hiper-burbuja contemporáneo y el misterio de lo incontrolable.

ZANJÓN

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ZANJÓN, 2009

En las fotografías que constituyen el proyecto titulado ZANJÓN  se muestra a lo largo  del paseo de la República o también llamado Zanjón, (una de las avenidas más importantes de Lima), los jardines que decoran los laterales de dicha avenida. Son 6 kilómetros de norte a sur (o viceversa) que permiten llegar desde el centro antiguo de la ciudad hasta el Océano Pacífico. La construcción de esta vía rápida está sumergida o cavada, por lo que en sus laterales se han empleado pequeñas porciones de jardines y céspedes que pretenden dar un toque de “lujo” a todo el árido recorrido. Lo paradójico se encuentra cuando la practicidad de un espacio se entremezcla con lo estético. Diferentes compañías se han apoderado de su porción de césped y a cambio de su mantenimiento (y por lo tanto de su existencia) se han adueñado del diseño del verde que les corresponde. Nos encontramos con el control y la privatización de los escasos márgenes libres, políticamente libres, mediante un proceso de domesticación publicitaria de la naturaleza. De esta manera cada una de las parcelas representan, con el diseño y color de sus plantas, la publicidad de su empresa benefactora, respondiendo así, al logo o al nombre del negocio que sponsoriza su supervivencia. Ironía/tragedia contemporánea. Incluso los espacios libres, la libertad frente a la arquitectura y su lógica especulativa, para serlo (y dejar de serlo) tienen que estar esponsorizados.

조화로 만든 천국 (PARAISOS ARTIFICIALES)

Busan01 de la serie Paraísos Artificiales_Corea. C-Print 180 x 150cm, 2008.

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Paraísos Artificiales es una serie fotográfica realizada en comercios destinados a la venta de plantas artificiales en Corea del Sur. Es una colección de lugares plastificados en las tres ciudades más importantes de Corea del Sur: Seúl, Busan y Daegu.

Paraísos Artificiales pretende ser un paraíso propio y muy concreto, en un lugar muy determinado. La tradición de reproducción / imitación que existe en Asia forma parte de su cultura. La tenacidad para conseguir la perfección o la idea de perfección que se tiene de las cosas hace que el límite entre lo que es y su imitación perfecta se borre. La idea también de  practicidad de las cosas hace que su carácter versado sea más poderoso. En Asia los colores eléctricos de las plantas y flores artificiales salpican todos los rincones de su mundo “cercado”. La Naturaleza plastificada se diversifica en todas sus formas y para todos sus fines hasta convertir el aire en moléculas sintéticas.

Börus

Vernonia, de la serie Börus_Frankfurt am Main. c-Print 80 100cm. 2007

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BÖRUS, 2007

Following my former work Palmehuset, during my stay in Frankfurt I carried out the photos Börus. This project consists of a series of photos in one of Frankfurt´s skyscrapers. In this work, plants have taken over the space where thousands of clerks are working. Plants invaded the offices, the receptions, the elevators and the corridors. In Palmehuset I explain the concept of survival in a concrete space, isolated from any external reality, where the plants develop their life form and adjust to the shapes of the greenhouse manufactured for them away from their natural surroundings. Nevertheless, in my work Börus I intend to go further transforming directly the physical space and giving it a new reality in itself. Plants substitute the people working in these spaces, which are equally imposed, isolating this reality to create a new one. The office buildings, which architecture curiously is very similar to the greenhouse structure, contain their workers, and during the office hours transforms them into species fighting to push forward within this world, subordinating to it. The same process of natural selection takes place, where the strongest or best adapted species are more successful when it comes to survival.

NATUR MORTEM

Natur Mortem I, de la serie Natur Mortem, Naturmuseum Senckenberg_Frankfurt. C-Print 100 x 80cm. 2007

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NATUR MORTEM, 2007
Natur Mortem ha surgido de las imágenes realizadas en el Museo de Ciencias Naturales de la ciudad alemana de Frankfurt am Main, en concreto he tenido la satisfacción de poder fotografiar la antigua sala de la colección privada de ornitología del Museo, una de las más importantes de Europa.

En esta serie fotográfica se representa la muerte de la Naturaleza, pero rescatada, de alguna manera, a través de su estudio y conservación. En realidad no es una visión pesimista. Aunque a primera vista la oscuridad de los espacios, el motivo en sí de los animales disecados, las luces lúgubres de las salas, puedan provocar al mirar las imágenes, una primera reacción de intención oscurantista, al familiarizarse con el lugar y con los colores de los animales, la mirada se fija en los elementos en sí, en la belleza que poseen por sí mismos. La contradicción que supone para nuestro pensamiento occidental, la relación entre lo colorido y su propia muerte, atrae nuestra mirada. Se crea así una mezcla entre los detalles de lo que estuvo vivo y los lugares donde es resguardado, venerado de alguna manera, como un santuario. Los pasillos creados por antiguos armarios de madera pueden recordar a esos cementerios donde se levantan muros en cuyos interiores se albergan los sarcófagos, las cenizas, las moléculas de lo que éramos o seremos. Pero un museo no es un lugar de velaciones, sino de investigación y conservación. Así es como se prolonga nuestro conocimiento, alimentado de un pasado con vistas hacia el futuro.

Dentro de miles de cajones impregnados de naftalina reposan plumas de todos los colores, formas y tamaños. Al final es lo estético en lo que fijamos nuestra mirada. Los Quebrantahuesos descansan, como si de un antiguo Bodegón del s. XVII se tratara, sobre una mesa cuya textura de madera podría ser un mapa de nuestro pasado.

PALMEHUSET

Sabal_Lisboa, de la serie Palmehuset. C-Print 130 x 115cm. 2007

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PALMEHUSET, 2007

“Palmehuset” means Palm House in Danish. This work, which started in Norway in the botanic garden of Bergen is a tour between hot and cold, wild and structured, between liberty and the strictest order. But they are also images showing the power of adaptation, coexistence and survival. In my work, which shows a series of places, life experiences or intentions, schemes of what you look at. Palmehuset are Palm Houses in European cities, above all in Northern Europe like Norway, Denmark, Germany and Austria. These greenhouses, located inside botanical gardens, often forgotten, revive old times when species of far away places were kept like large living treasures. Every important family during the 18th and 19th century possessed its own “Garden of Delights”, as an exotic luxury. Following the line of my work about the world of luxury with its relation to a decadent past, the botanic garden remains like an island within the modern cities with their frenetic life, exploitation and selfishness.

In the Palm Houses there is also selfishness, selfishness for the space, the colours, the texture of their leaves, the light. In these places light is what gives life – just as on the photo – to each of the species pushing upward, maybe to flee and go back to where they were brought from. The leaves expand and the flowers flourish in a brutal, almost aggressive manner within these glass cages which structure, arrange and file them. In reality it is this struggle between the search for freedom, between the wild, between the chaos which we belong to against the order, the iron structure which doesn’t let us escape from the established rules. Beyond these rules there is again chaos and frenetic life. And this way the struggle smoothly turns into coexistence, where the tubes turn into roots and the water lily leaves into fountains. The colours melt into green and light brown and the oxides of the metals is surrounded by green. The iron structure containing this life orgy is slowly becoming organic but only towards its interiors, only its bowels breathe the oxygen of the plants, towards outside it remains steady, cold but gorgeous.

Maybe this controversy doesn’t get us anywhere, just like the paths which lead to nowhere. Is it struggle for the sake of struggle? The straight line can lead us to the infinite space but the curve can abandon us between flower pots and stale water.

My look in Palmehuset intends to express that if there is a struggle, it is for something that we cannot renounce, the survival of our beliefs, the liberty we are destined for, liberty we sometimes suffer for but which we cannot run away from. Some species with more force, others from the soil or the floor tiles, but all of them grow, develop and create pompous forms full of lust like Bosch showed in his painting “Garden of Earthly Delights”.